Exposición | Tamayo Horizontes
La exposición reúne pinturas de Rufino Tamayo, designadas por él mismo para integrarse a la colección con la cual fundó el Museo Tamayo en la Ciudad de México, así como obras en préstamo de colecciones privadas. En su conjunto, las obras despliegan los horizontes estéticos que el artista transitó en su madurez, con excelencia conceptual y técnica. Aún en el ocaso de su vida, el pintor siguió creando formas y colores que desconcertaron y deleitaron a los espectadores. Se mantuvo atento al acontecer del mundo, enriqueciendo la cultura visual de su época.
Tamayo cultivó los géneros clásicos de la historia del arte como el retrato, el paisaje, el desnudo femenino, la naturaleza muerta y los personajes de ficción, actualizándolos a su época. La muestra despliega características de la producción del artista en estos géneros, los cuales incluyen, a su vez, constantes de su trabajo pictórico, como referencias a lo arcaico y lo popular −a través del arte prehispánico, la juguetería mexicana e incluso las frutas; su incesante exploración cromática; con una síntesis de las formas y una la densidad expresiva; la creación de armonías y contrastes, como de balances y simetrías; riqueza matérica; y rasgos lúdicos, irónicos y enigmáticos de sus composiciones.
Si bien Tamayo fue un excelente retratista, su producción de retratos fue limitada. Pintó principalmente a su esposa Olga. Asimismo, retomó el género del paisaje a principios de los sesentas. Dio carácter y espíritu al paisaje mexicano. Sus paisajes tuvieron el valor de poemas visuales por su sencillez y contundencia. En tanto, en el desnudo femenino recuperó sus orígenes al referirse al arte prehispánico; creó figuras estilizadas con sencillez.
Tamayo hizo naturalezas muertas. En este, como en otros géneros, se liberó de la figuración estricta y estilizó su dibujo. Incluida en la exposicón, Sandías, de 1968, es pieza clave de la pintura mexicana de su periodo, que ejemplifica el modo en que el pintor creó formas que se funden en una atmósfera de color, de calidades casi matéricas.
Las figuras humanas trazadas por Tamayo no son mímesis sino invenciones y fantasías. El artista pobló de presencias insólitas el arte moderno mexicano. Por ejemplo, Hombre en rojo, obra que forma parte de esta exposición, es una figura agigantada, monumental, de apariencia mecánica, incluso amenazante. Uno de los personajes-máquina con los que Tamayo hizo referencia a la robótica y a la exploración espacial en los años setenta del siglo XX.
La propuesta de mirar nuevamente la obra de Rufino Tamayo desde estos horizontes refrenda la vigencia de su trabajo, subraya su importancia y expone los logros con los que el pintor nutrió el arte del siglo XX y la presencia de México en el ambito internacional.
Curaduría: Juan Carlos Pereda
Crédito de la imagen:
Rufino Tamayo, Hombre en rojo, 1970.
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