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Atlas Eidolon
Erick Beltrán
05
Mar
2014
-
20
Apr
2014
EXPOSICIÓN PERMANENTE
Atlas Eidolon
/
Erick Beltrán
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El proyecto de Erick Beltrán para el Museo Tamayo toma como punto de partida algunos sistemas medievales y renacentistas del arte de la memoria, así como la teoría de la imagen delineada por Aby Warburg, en su Atlas Mnemosyne. A través de un sistema de discos giratorios Erick Beltrán crea un modelo escultórico que permite la combinación de distintas imágenes pertenecientes al imaginario mexicano, generando efectos visuales repetitivos e incluso hipnóticos a fin de poner en operación la dinámica de nuestra memoria colectiva.

El proyecto Atlas Eidolon, de Erick Beltrán (Ciudad de México, 1974), consiste en una escultura dinámica y una serie de diagramas con imágenes y animaciones, cuyo objetivo es desplegar la memoria colectiva mexicana.

Erick Beltrán es un artista investigador, cuyos proyectos describen visualmente teorías científicas, históricas y estéticas que intentan explicar el mundo. Su trabajo se centra en los sistemas de combinación de símbolos que muestran cómo se constituye la realidad en relación con la percepción y las imágenes mentales, la subjetividad y la afección. En este sentido, sus obras gráficas y escultóricas se pueden considerar “máquinas de lectura”.

De acuerdo con el artista, el mundo puede explicarse de dos maneras: 1) los hechos y las cosas no tienen un orden intrínseco, por lo tanto, hay que crear uno; o 2) sí existe un orden, pero hay que aprender a leerlo. El Atlas Eidolon se adhiere a esta última forma de concebir el mundo.

El proyecto de Beltrán para el Museo Tamayo es una suerte de oráculo: un modelo combinatorio de imágenes para mostrar la memoria colectiva mexicana. Esta máquina nos permite leer los órdenes y las clasificaciones del mundo. Ahora bien, según la cultura griega, el eidolon era el fantasma de una persona muerta y también se relaciona con un doble o una imagen. Por tanto, el atlas de Beltrán es un sistema de mapeo de algunas imágenes persistentes en la historia política de México. Se trata de figuras descarnadas o fantasmales que, de acuerdo con cierto orden de aparición y proyección, activan la psique colectiva.

La investigación de Beltrán para este proyecto proviene de los sistemas del arte de la memoria medievales y renacentistas como el ars combinandi de Ramón Llull y Giordano Bruno, en conjunción con la teoría de la imagen delineada por el padre de la iconología, Aby Warburg, en su Atlas Mnemosyne. Beltrán se enfoca en particular en el concepto pathosformel (fórmula emotiva), de Warburg, para explicar la transmisión de las emociones por medio de símbolos que viajan en la psique (los engramas), y es así que crea un dispositivo para la visualización de la memoria social.

Para el patio de esculturas del museo, el artista ideó un sistema de anillos giratorios, una mezcla entre los discos concéntricos renacentistas y la estructura esférica que intenta sostener el firmamento, como el gigante Atlas que sostiene la esfera del cosmos. Este modelo de combinación de imágenes renueva el arte antiguo de la memoria, en la medida en que sus rotaciones, ahora desplegadas en el espacio, irrumpen la noción de perspectiva única con la aparición simultánea de mundos interconectados.

A partir de movimientos concéntricos que generan efectos visuales repetitivos e incluso hipnóticos, esta escultura dinámica reinscribe imágenes históricas en su relación con la política reciente de México, a fin de poner en operación los flujos de nuestra psique colectiva. Las figuras que aparecen en la obra se vuelven patrones, imágenes que reaparecen en distintos órdenes, de un personaje a otro, cual fantasma o doble. Esta dinámica constituye un atlas de impresiones empáticas, un sistema de combinaciones en el que las imágenes cambian, pero los actores son siempre los mismos.

En tanto, en la sala 5 se exponen diagramas con imágenes y animaciones que conforman un pabellón. A diferencia de los modelos antiguos de la memoria, Beltrán sustituye los signos mágicos y astrales por figuras públicas de nuestro imaginario con la intención de situar al espectador al interior de una discusión sobre lo colectivo.

Atlas Eidolon, la máquina de lectura hecha para el Museo Tamayo, es un modelo para mostrar los contenidos emocionales de las imágenes, en la medida en que el espectador reconoce las formas constituidas por la combinación de símbolos y de personajes que se repiten. Al devenir en fórmulas, estas figuras históricas y sus cargas emotivas migran a la psique. La repetición de sus gestos y su carga dramática los vuelve apariciones espectrales que resurgen en movimientos concéntricos y flujos ascendientes y descendientes que se intensifican en ramificaciones y escalonamientos. La hipótesis de Erick Beltrán radica en que “existen” máquinas de montaje de imágenes que nos mantienen en una narrativa cíclica, en una suerte de hipnosis. Para contrarrestar esa ideología y transformar nuestro mundo, hay que atacarla en su propio campo de operación, a saber, el de la imagen y, por ende, la memoria colectiva. Para explicar su teoría, realizó una serie de entrevistas con analistas políticos, cuyas teorías son la base de su proyecto. Este proceso de investigación lo presenta con la aplicación de su atlas de combinaciones al campo de la historia política.

Atlas Eidolon junto con la exposición That World/Ese mundo, de Matt Mullican, exploran sistemas cosmológicos para la explicación o la aparición de mundos, mediante la percepción, la memoria y la psique. Mientras que el artista estadounidense propone el desenlace de su teoría a partir de la configuración de una cosmogonía personal y el despliegue de su psique con sesiones de hipnosis, Beltrán, por su parte, elabora una investigación sobre la memoria social.

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